|
Y LA TARADA SEGUIRIA DURMIENDO
Educado en aquello
de no invadir al otro
de no golpear a un caído
de no robar a los borrachos
De ser un indiferente, al fin y al cabo
Nunca te habrías animado
(pobre Bella Durmiente
con su ropa anticuada
por cien años durmiendo
y así tan buena moza)
Es más, idiota,
habrías pretendido esperar a que despierte
De manera
que podrías ser el Caballero Rojo,
Pimpinela Escarlata,
Poncho Negro
pero Príncipe Azul, ni cianótico.
No es el Calvados, ni esas joyas
de nombres extranjeros
No es el torrontés con gusto a sol y fruta
que te recuerda unos ojos claros
Ni el borgoña prepotente
con el que acompañabas spaghettis y amor hace mil años
No son los vinitos reserva
que marean a Rita
Ni los productos de alambique
que servían en “La Gota de Grasa”
Lo que te hace volver a la alegría
es el olor de las muchachas.
|